Fragnier recibió a LOOK y en una charla intimista confesó lo que es ser diseñador y ser parte consejera de sus pares.
Un edificio antiguo en la calle Maipú es donde la Cámara tiene sus oficinas. Escaleras imponentes, piso de mármol dispuesto en dameros, arañas de cristales facetados y unos ascensores de puertas tijeras llevan hacia el primer piso. En la oficina se nota que cada rincón guarda secretos e historia de la moda argentina. Desde libros, revistas, folletos, fotos y más. Nos recibe en uno de los ambientes de dimensiones generosas, con muebles de época destacándose una mesa alargada donde no faltaban café, té y alguna que otra patisserie. Muy atento a todo los detalles, busca en todo momento que uno se sienta cómodo como así también no oculta su alto grado de exigencia. Atento a los detalles de sus vestidos, pregunta antes de una toma fotográfica quién había colocado el moño al traje ya que éste no estaba centrado. Eso y otros mil detalles durante el transcurso de la nota demuestran que es un perfeccionista nato.
Uno de sus pilares, maestra y, por qué no decir mentora, fue Haydée Fragnier -su madre- quien era modista y a quien él acompañaba en todo momento cuando ella trabajaba siendo un niño. Con sólo 13 años, su mamá logró descubrir el talento que tenía gracias a sus dibujos y viendo cómo la ayudaba. Por lo tanto decidió llevar sus trabajos a uno de los grandes modistos de la época, nada más ni nada menos que Jackes Dorian, quien admiró sus trabajos pero le dijo que era muy chico para trabajar. No obstante le permitió hacer de oyente y ayudante pero a las semanas ya estaba cortando y cosiendo a la par de su maestro. Luego llegaron Greta, Nina Ricci, Rosina. Hasta que con 28 años hace su primer desfile gracias al empuje y a los ahorros »
que su madre tenía guardados para ese gran momento. Y lo fue, como también lo es hoy, pero desde otro lugar.
Buscado por las novias y quienes serán sus madrinas de casamiento, él nunca imaginó que llegaría a ser tan popular entre las jovencitas que deciden dar el gran paso.
Las caras de la moda
Un vestido revela mucho de quien lo lleva. La cara interior de una prenda puede ganar protagonismo o mostrar la verdadera forma de vestir. El interior-exterior de un traje deben ser impecables en la alta costura y es allí donde Hernán Fragnier pone énfasis logrando una construcción perfecta. Lo que se ve y lo que no se ve, las terminaciones, la confección, son los que determinan cuando un diseño es impecable, perfecto, es de verdadera calidad.
-¿Cómo se inicia con las telas y las tijeras?
-Mi madre era modista y me crié en ese ambiente desde que tengo uso de razón. Es lo que siempre hice, estando en el medio de mi madre y su clienta, viendo cómo cortaba, cómo usaba las agujas... me atrapó.
-¿Recuerda a qué edad hizo su primer vestido?
-Recuerdo el primer vestido de novia. Estaba trabajando con Jackie Dorian y la joven quiso que fuera yo quien se lo hiciera. Su madre horrorizada. Cómo un chico de 15 años le iba hacer el vestido. Durante las pruebas se ve que empezó a fijarse en mi trabajo y... al final también se lo hizo conmigo.
-¿Qué le dio trabajar para alguien como lo fue Dorian en el mundo de la moda?
-Mucha experiencia, práctica. Su lema eran 3 palabras: trabajar, trabajar y trabajar. Aprendí que un vestido hay que embellecerlo para que la mujer se sienta única.
-Y pasó a su propia marca.
-¡No! Yo pasé por grandes firmas después de Dorian, Rosina, Nina Ricci, por último, Silvia. Es allí donde decido irme y mi madre me propone hacer mi propio desfile.
-¿Y ese salto a qué se debió?
-Hubo ciertas actitudes que me molestaron donde estaba. Mi madre lo supo, vio lo que yo había trabajado para esa casa y me dijo: “Hernán por qué no hacés tu desfile y te presentás como diseñador. Tengo unos dineros ahorrados”. Así fue que empecé: tenía el dinero para todo, alquiler del Hotel Alvear, relaciones públicas, comprar géneros, preparar los 28 vestidos que quería. A partir de allí seguí.
-¿Pero siempre atendiendo desde su casa?
-Sí, de alguna manera. Viví en una suite del Hotel Alvear durante un tiempo y en otra atendía, después en los departamentos de la Galería Promenade, luego me mudé a diferentes departamentos de Recoleta hasta llegar donde estoy hoy, en Larrea y Juncal.
-¿Y por qué nunca un negocio a la calle?
- Lo que sucede es que yo no tengo para colgar en percheros, hago y diseño según quién me lo pida. Allí es cuando sé lo que puedo hacer. Hago 5 pruebas, la primera del diseño la realizo en liencillo y después en la tela del vestido. Pero todo va realizado sobre el cuerpo, es allí donde puedo observar su estilo, lo que le puede ir, lo que le va bien y lo le queda lindo.
-Al momento de retirar el vestido ¿cuántas modificiones tuvo?
-Siempre en la última prueba está la gran modificación. No sé por qué pero todas adelgazan, desde la novia hasta las madrinas. Eso sí, el día de la entrega estoy allí, probándoselo para saber cómo le queda y si siento que necesita alguna modificación. Alguna que otra vez cambian el zapato, la ropa interior o las medias, lo que puede llevar a que el diseño se vea diferente. El consejo primordial es probar siempre el vestido con todo lo que se va a llevar ese día.
-¿Cómo se lleva el diseñador con el presidente de la Cámara Argentina de la Moda?
-Bien aunque a veces es estresante, ya
que hay mucho por hacer. Al menos ya se han puesto al día todo lo relacionado a la parte administrativa como económica. Ahora sówlo resta que todos los socios diseñadores cumplan con la cuota que es lo que hace que la fundación pueda proyectar apoyar a los diseñadores en todos los aspectos.
-¿Qué apoyo tienen hoy?
-Hoy se ha llegado a un acuerdo con la Federación de Comercio e Industrias de la Ciudad de Buenos Aires (Fecoba) y la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) como también con los socios que pagan la cuota y están al día.
-¿Cuáles son los proyectos que se tienen?
-La Cámara apuntará a informatizar su base de datos, crear una biblioteca que cuente con las últimas publicaciones editoriales para el uso de sus socios, conformar un equipo con el fin de brindar cursos de formación a estudiantes de diseño y de capacitación a profesionales del sector como los de oficio. Además, crear una bolsa de trabajo que promueva la inclusión de los trabajadores del rubro como también realizar la entrega de las tijeras de plata. Pero hay mucho por hacer.
-¿Considera que las facultades de diseño forman a un diseñador?
-Eso es otra cosa que nos interesa apuntar. A los formadores y responsables que las dictan ya que allí no hay oficio, no se tiene la práctica y la enseñanza de cómo se cose, cómo se borda, cómo se corta. Todo es muy teórico, con mucha tecnología y poco contacto con la tela, la tijera y la máquina de coser que es fundamental en esta profesión. Muchos diseñadores se les hace difícil también encontrar quien lo ejerza.
-¿Cuáles son los proyectos?
-En la Cámara ir logrando los objetivos. Todo se irá dando a su tiempo ya que el trabajo no cesa ni aquí ni con mis clientas por suerte.
Detrás de este gran diseñador humilde, algo tímido, quizá un poco vergonzoso, está el creador, poseedor de una sensibilidad particular y un exquisto buen gusto. Sabe lograr que sus diseños sean contemplados ya que su perfecta confección hace que se fundan el derecho con el revés. Son la síntesis del equilibrio perfecto y esto lo ha llevado a estar entre los grandes creadores de la Argentina. |